El Poble-sec, nuestra casa durante más de 150 años

El Poble-sec, nuestra casa durante más de 150 años

Hay lugares que no se explican del todo. Se viven. Y, cuando llega el momento de dejarlos atrás, uno descubre que no eran solo calles, paredes o una dirección escrita en una factura. Eran algo más. Mucho más.

Para nosotros, el Poble-sec ha sido nuestra casa durante más de 150 años. Se dice pronto, pero detrás de esa cifra hay generaciones enteras. Hay días buenos y días difíciles. Hay trabajo, familia, clientes, vecinos, decisiones, dudas, cambios y muchas horas de esfuerzo. Hay una historia que no cabe en una placa ni en una fecha.

Llegamos a formar parte de este barrio casi sin darnos cuenta, como pasan las cosas importantes. El Poble-sec, con Montjuïc al lado y el Paral·lel cerca, siempre ha tenido ese carácter tan suyo: sencillo, trabajador y profundamente vivo. Un barrio de talleres, comercios, conversaciones en la acera y gente que ha sabido tirar adelante sin hacer demasiado ruido.

Durante todos estos años hemos visto cambiar el barrio. Han cambiado las calles, los negocios, las caras, las costumbres. Algunas cosas se fueron perdiendo y otras llegaron para quedarse. Así es la vida, aunque a veces cueste aceptarlo. Pero hay algo que el Poble-sec ha conservado siempre: esa forma directa y cercana de relacionarse, esa mezcla de dureza y calidez que lo hace tan especial.

Aquí hemos trabajado, hemos crecido y hemos aprendido. Aprendimos que una empresa no se sostiene solo con máquinas, recambios, herramientas o números. Todo eso es necesario, claro. Pero lo que de verdad aguanta el paso del tiempo es otra cosa: la confianza de la gente, la palabra dada, el compromiso diario y esa manera de hacer las cosas bien incluso cuando nadie está mirando.

En estas calles está también una parte muy íntima de nuestra historia familiar. Está el recuerdo de mi abuelo, de mi tío, de mi padre y de tantas personas que han formado parte de este camino. Personas que trabajaron mucho, a menudo más de lo que tocaba, para que hoy podamos mirar atrás con orgullo. No siempre fue fácil. Seguramente nunca lo es cuando se construye algo importante.

Y ahora, al cerrar esta etapa, aparecen recuerdos por todas partes. En una puerta. En una mesa. En una esquina del taller. En esas pequeñas cosas que, vistas desde fuera, quizá no parecen importantes, pero que para uno lo son todo. Porque hay paredes que guardan voces y suelos que conocen mejor que nadie el peso de los años. Hay lugares que, aunque los dejes, no terminan de irse nunca.

El Poble-sec ha sido testigo de nuestra historia, y nosotros también hemos sido parte de la suya. Nos ha dado carácter, oficio y sentido de pertenencia. Nos ha enseñado que las raíces no son algo que te ata, sino algo que te ayuda a saber de dónde vienes cuando toca avanzar.

Por eso no nos vamos del Poble-sec con tristeza solamente. También nos vamos con gratitud. Mucha. Por los vecinos, por los clientes, por los trabajadores, por los proveedores, por los amigos y por todas las personas que, de una forma u otra, han formado parte de estos más de 150 años.

Nos llevamos mucho de este barrio. Más de lo que sabríamos poner en palabras. Nos llevamos su memoria, su carácter, sus calles y su manera de entender la vida.

El Poble-sec no será nunca solo un lugar donde estuvimos. Será siempre parte de quienes somos. Porque hay sitios que se dejan físicamente, sí, pero algunos se quedan dentro para siempre. Y para nuestra familia y para nuestra empresa, el Poble-sec será siempre eso: origen, casa, historia y corazón.

Jordi Cabané
CEO de Carretillas TR